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La convección es una de las tres
formas de transferencia de
calor y
se caracteriza porque ésta se produce a través del
desplazamiento de materia entre regiones con diferentes
temperaturas.
La convección se produce únicamente en materiales
fluidos.
Éstos al calentarse disminuyen su
densidad
y ascienden al ser desplazados por las porciones a menor
temperatura que, a su vez, descienden y se calientan
repitiendo el ciclo. El resultado es el transporte de calor
por medio de las parcelas de fluido ascendente y descendente.
La transferencia de calor implica
el transporte de calor en un volumen y la mezcla de elementos
macroscópicos de porciones calientes y frías de un
gas o
un
líquido.
Se incluye también el intercambio de
energía
entre una superficie
sólida
y un fluido.
En la transferencia de calor por
convección forzada se provoca el flujo de un fluido
sobre una superficie sólida por medio de una fuerza externa
como lo es una
Bomba,
un
ventilador
u otro dispositivo mecánico.
En la transferencia de calor por
convección libre o natural en la cual un fluido es más
caliente o más frío y en contacto con una superficie sólida,
causa una circulación debido a las diferencias de densidades
que resultan del gradiente de temperaturas en el fluido.
La Convección en Meteorología
El proceso que origina la
convección en el seno de la
Atmósfera
es sumamente importante y genera una serie de fenómenos
fundamentales en la explicación de los
vientos
y en la formación de
nubes,
vaguadas,
ciclones,
anticiclones,
precipitaciones,
etc. Todos los procesos y mecanismos de convección del calor
atmosférico obedecen a las leyes físicas de la
Termodinámica.
De estos procesos es fundamental el que explica el ciclo del
agua en la Naturaleza o
ciclo hidrológico.
Casi todos los fenómenos antes nombrados, tienen que ver con
este último mecanismo.
En
general, transporte de calor y humedad por el movimiento de un
fluido. En Meteorología el término se usa específicamente para
describir el transporte vertical de calor y humedad,
especialmente por corrientes ascendentes y descendentes en una
atmósfera inestable. Los términos convección y “tormentas” a
menudo se usan indistintamente, aunque las tormentas solo son
una forma de convección. Cbs, coliflores (towering cúmulos) y
ACCAS, son formas visibles de convección. De cualquier modo,
la convección no siempre es visible en forma de nubes. La
convección que ocurre sin la formación de nubes se llama
convección seca, mientras que los procesos de convección
visible arriba referidos son formas de convección húmeda.

Fotografía ©Javier
Romero Díaz
El ciclo Hidrológico
Se denomina
ciclo hidrológico
al recorrido del agua en la Atmósfera por la capacidad que
tiene el agua de absorber calor y cederlo gracias a la
capacidad que tiene de transformarse de un estado físico a
otro. A grandes rasgos, el ciclo hidrológico funciona de la
siguiente manera: los rayos solares calientan las aguas
marinas y terrestres las cuales, al absorber ese calor, pasan
del estado líquido al gaseoso en forma de vapor de agua. Este
vapor asciende hasta cierta altura y al hacerlo, pierde calor,
se condensa y forma las nubes, las cuales están constituidas
por gotas de agua muy pequeñas que se mantienen en suspensión
a determinada altura. Cuando esta condensación se acelera, por
el propio ascenso de la masa de nubes (convección), se forman
nubes de mayor desarrollo vertical, con lo que las gotas
aumentan de tamaño y forman las precipitaciones, que pueden
ser tanto sólidas (nieve, granizo) como acuosas (lluvia).
Estas precipitaciones pueden caer tanto en el mar como en las
tierras emergidas. Por último, parte del agua que se precipita
en los continentes e islas pasa de nuevo a la atmósfera por
evaporación o produce corrientes fluviales que llevan de nuevo
gran parte de las aguas terrestres a los mares y océanos, con
lo que se cierra el ciclo, el cual vuelve a repetirse.
Características
de la Convección
La convección en la atmósfera
terrestre involucra la transferencia de enormes cantidades del
calor absorbido por el agua. Forma nubes de gran desarrollo
vertical (por ejemplo, cúmulos Congestus y, sobre todo,
Cumulonimbos, que son los tipos de nubes que alcanzan mayor
desarrollo vertical). Estas nubes son las típicas portadoras
de tormentas eléctricas y de grandes chaparrones. Al alcanzar
una altura muy grande (por ejemplo, unos 12 o 14 km) y
enfriarse violentamente, pueden producir tormentas de granizo,
ya que las gotas de lluvia se van congelando al ascender
violentamente y luego se precipitan al suelo ya en estado
sólido. Pueden tener forma de un hongo asimétrico de gran
tamaño; y a veces suele formarse en este tipo de nubes, una
estela que semeja una especie de yunque (anvil's head, como se
conoce en inglés).
La energía Cape
Energía
Potencial Convectiva Disponible. Medida de la cantidad de
energía disponible para la convección. EPCD (CAPE, Convective
Available Potential Energy) está directamente relacionado con
la máxima velocidad vertical potencial dentro de una corriente
ascendente; de modo que los valores más altos indican mayor
potencial para tiempo severo. Los valores observados en
ambientes tormentosos a menudo pueden superar 1,000 Julios por
Kilo (J/Kg) y en casos extremos pueden superar 5,000 J/Kg. Sin
embargo, como con otros índices o indicadores, no hay valores
umbral a partir de los cuales el tiempo severo llegue a ser
inminente. La EPCD se representa en los sondeos como el área
encerrada entre el perfil de temperatura ambiental y el camino
de una parcela de aire ascendente, sobre el estrato dentro del
cual el último es más caliente que el primero (esta área a
menudo se la llama área positiva).
MAPA CAPE AND
LIFTED INDEX

Fuente©www.wetterzentrale.de
El índice CAPE ( Convective Availaible
Potential Energy)
Este
índice lo que nos muestra es la cantidad de energía flotante
en el aire que se encuentra disponible para acelerar una
porción de aire verticalmente. Dicho esto, hay que que reseñar
que es un índice muy bueno en lo que se refiere a las
ascendencias que pueden producir tormentas, aunque flojea en
otros aspectos.
De tal manera que podemos escribir:
CAPE 0
Estable, posibilidad de tormenta casi
nula.
CAPE entre 0 y 1000
Levemente inestable. Tormentas
leves o moderadas.
CAPE entre 1000 y 2500
Moderadamente inestable. Fuertes tormentas.
CAPE entre 2500 y 3000
Notablemente inestable. Tormentas severas, granizo.
CAPE > 3500
Extremadamente inestable.
Posibilidad de supercélulas y tornados.
Un
fuerte contraste entre parcelas de aire cálido con el aire
frío circundante, junto con un CAPE elevado y fuertes
corrientes ascendentes es sinónimo de convección severa.
El
CAPE se mide en julios/kilogramo( J/Kg.). En un sondeo se
determina como el área que queda entre la curva teórica y la
curva de estado cuando la primera está a la derecha de la
segunda.
Otra valor relacionado sería el CIN (Convective inhibition)
que sería justamente lo contrario, o sea el área que queda
entre la curva teórica y la de estado cuando la primera está a
la izquierda de la segunda.
El CIN es el contrario del CAPE, es un factor que va en contra
de la convección. Cuanto más bajo sean sus valores mayores
probabilidades de movimientos convectivos.

La Inestabilidad
y la Inhibición Convectiva
La
inestabilidad es un ingrediente básico para que una burbuja o
masa de aire ascienda o descienda cuando es sometida,
externamente, a un ascenso o descenso forzado. Decimos que
existe inestabilidad en la atmósfera cuando al forzar y
separar, por un mecanismo externo a ella, a una masa de aire
de su estado de equilibrio, ésta lo hace ascendiendo o
descendiendo de forma virulenta en función del grado de su
flotabilidad respecto al ambiente. Como vemos, la
inestabilidad de una masa de aire se derivará a formar núcleos
tormentosos cuando ésta es forzada externamente y evoluciona
de tal forma que se aleja de su estado de equilibrio muy
rápidamente. Podemos tener inestabilidad potencial o latente y
no ocurrir nada (basta pensar en un bidón de gasolina a la
intemperie y no se produce la ignición espontánea) ya que no
existe mecanismo externo que la excite.
Algo así,
ocurre cuando tenemos una bola de acero colocada en la parte
superior de una parábola o esfera invertida. Teóricamente, si
no se le desplaza de su posición de equilibrio, la bola
quedará inmóvil sobre él. Un leve desplazamiento hará que la
bola se precipite y se aleje rápidamente de su posición
inicial (este símil es de tipo mecánico pero sirve para
conceptuar lo que queremos explicar).

Una bola en equilibrio sobre un paraboloide invertido
puede ser desplazada de su posición inicial al aplicarle una
fuerza externa y evolucionar de forma rápida alejándose de su
posición inicial: Símil mecánico del concepto de inestabilidad
Cuando se
analiza la inestabilidad de la atmósfera nos referimos a la
troposfera y, normalmente, en el estrato comprendido entre
niveles bajos-superficie y niveles medios. Sin entrar en
grandes detalles, podemos decir que la inestabilidad es un
concepto tridimensional que se manifiesta al separar a una
masa de aire de su posición de equilibrio. Sí está evoluciona
rápidamente separándose de dicha posición, mediante ascenso o
descensos, decimos que la masa de aire es inestable. Cuando
nos referimos a fluidos, podemos hablar de inestabilidad y
flotabilidad de forma indistinta, en esta aproximación
conceptual. No es admisible, decir que la inestabilidad
aumenta porque una masa de aire frío está penetrando en
altura. Debemos considerar lo que ocurre en todos los niveles.
Puede suceder que un enfriamiento en niveles altos vaya
acompañado por otro en niveles inferiores y, así, estabilizar
aún más la atmósfera.
En muchas
ocasiones se habla de inhibición convectiva, preferentemente
en capas bajas. Podemos tener una capa inestable en niveles
bajos y “tapaderas” en niveles superiores que inhiben la
convección, o lo que es más común una zona estable en niveles
inferiores que impide el desplazamiento forzado de potenciales
burbujas ascendentes desde dichos niveles. En este sentido, el
mecanismo externo que fuerce a la masa de aire a ascender debe
realizar un trabajo para vencer a los mecanismos inhibidores.
Volviendo al símil mecánico bola de acero-parábola, tendríamos
el caso de una bola de acero colocada en el fondo de una
parábola que mira hacia arriba (equivalente a una capa
estable) pero que posteriormente sus lados cambian de
curvatura y pasan a estar orientados hacia abajo (ídem pero
inestable). Si la fuerza o el trabajo que le comunicamos a la
bola llega a superar la altura del trozo de la parábola
directa, la bola comenzara después a descender sin necesidad
de suministrarle más trabajo.

Los
mecanismos de disparo atmosféricos son lo que fuerzan a las
masas de aire a separarse de su posición de equilibrio, a
vencer las fuerzas que se oponen al ascenso o debilitar las
tapaderas o inversiones térmicas. Si dicho mecanismo de
disparo no es capaz de vencer a las fuerzas inhibidoras de la
convección, ésta no se desarrollará, aún existiendo cierta
inestabilidad potencial o latente.
Humedad
De la
misma forma, si no existe suficiente humedad en una amplia
capa atmosférica los focos convectivos que se desarrollen, por
la existencia de inestabilidad y mecanismo de disparo, serán
poco “eficientes” en la generación de lluvias. Los entornos
medioambientales secos tienden a evaporar la poca
precipitación que se pueda generar en las nubes convectivas.
De esta forma, las lluvias torrenciales se ven favorecidas por
la presencia de humedad en una amplia capa atmosférica. En
este sentido un mar cálido sí favorece entornos atmosféricos
húmedos y cálidos.
El forzamiento externo o mecanismo de disparo:
La Chispa del Viento
Siguiendo
con los símiles mecánicos ( o el de un bidón de gasolina),
tenemos que la convección se desencadenará de forma
significativa si existe una fuerza externa o mecanismo de
disparo que sea capaz de mover a la bola más allá del nivel
donde la propia bola pueda moverse sola. En la atmósfera los
mecanismos de disparo pueden ser los sistemas frontales
ligados a borrascas, vaguadas muy activas, depresiones
aisladas en niveles altos, etc. que se acerquen a la zona
inestable. Estos sistemas de gran escala, generan flujos
locales de origen orográfico que son los que a fin de cuentas
vencen a los factores inhibidores y llevan a las masas de aire
a niveles tales que ellas mismas evolucionan sin necesidad de
forzamiento externo, gracias a su flotabilidad: se ha
disparado la convección.
Todo junto
En
meteorología, la suma/resta de factores o ingredientes para
genera lluvias torrenciales no es acumulativa: la presencia de
uno o dos ingredientes con la ausencia del tercero no genera
lluvias intensas, aun siendo uno o los dos restantes muy
intensos.
Si en
matemáticas, 2+3-4+1 siempre es 2, un número positivo, la suma
de ingredientes atmosféricos con sus contribuciones positivas
y negativas no tienen por qué dar forzosamente convección. En
otras palabras, la existencia de inestabilidad frente a la
ausencia de humedad o un mecanismo de disparo puede , no sólo
no dar lluvias torrenciales, sino inhibir la convección
potencial. Es fundamental que los tres ingredientes estén en
el mismo lugar, en el mismo instante y actuando
favorablemente.
En este
sentido, podemos tener un substrato húmedo y cálido en capas
bajas, soportado por el mar Mediterráneo en la época otoñal,
pero la ausencia de los otros dos ingredientes puede inhibir
la convección. Lo que nos asegura las masas de aguas
mediterráneas cálidas es justamente ese sustrato aéreo húmedo
y cálido que puede responder positivamente a la presencia de
perturbaciones sinópticas y locales que hacen que todos los
ingredientes actúen de forma sinergéticamente positiva,
reforzándose mutuamente.
La
presencia de temperaturas anormalmente altas en las aguas
costeras próximas a la península no es condición necesaria y
suficiente para que haya lluvias torrenciales. La mal traída y
mal usada “gota fría” no es más ni menos que una de las
perturbaciones que, a nivel sinóptico (llamada DANA en
términos técnicos como acrónimo de Depresión Aislada en
Nivelas Altos) pueden actuar como director de orquesta para
poner en funcionamiento coordinado a los factores que pueden
desencadenar lluvias torrenciales. Existen otro tipo de
perturbaciones sinópticas y mesoescalares que pueden hacer
coincidir a dichos elementos y generar lluvias torrenciales y
persistentes.
Por lo
tanto, la presencia de aguas más cálidas de lo normal en el
Mediterráneo es un importante factor más que puede contribuir
a la presencia de lluvias, torrenciales y persistentes. Si las
perturbaciones asociadas al frente polar o de tipo subtropical
quedan por encima de nuestras latitudes, las aguas del
Mediterráneo se irán enfriando camino del invierno sin
producir las esperadas lluvias otoñales. Si por el contrario,
la actividad de las perturbaciones troposféricas (borrascas,
vaguada, DANAS, anticiclones centroeuropeos que generan flujos
de este de largo recorrido marítimo, etc..) es marcada sobre
nuestras latitudes, tendremos un otoño “movido”.
El mar
Mediterráneo puede proporcionar unas condiciones singulares
cuando su temperatura es elevada (acumulador de energía):
puede ser un suministrador de la humedad suficiente como para
generar condiciones de inestabilidad (si otros factores en
niveles medios y altos se dan), es una fuente de humedad para
desarrollar y mantener tormentas intensas y profundas, puede
generar un sustrato húmedo en capas bajas para que la
precipitación sea en forma líquida, preferentemente, y que
llegue al suelo.
La
orografía circundante al propio mar condiciona, parcialmente,
el dónde, cuánto y cuándo puede llover, gracias a las
circulaciones locales generadas orográficamente. Basta que
existen perturbaciones sinópticas bien definidas para que
dispare la convección y libere de forma violenta la energía
almacenada en dicho mar.

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* Fuentes sección:
http://es.wikipedia.org
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